martes, noviembre 07, 2006

HOJA DE OTOÑO

Una silueta borrosa de mujer. Se parecía Ms Zhu, mi compañera de estudios. Era el Magdalene Bridge. La oscuridad de la noche y la llovizna impedían ver más allá de unos cuantos metros de cada farol. Era como una seguidilla de conos de luces amarillas. Mientras más lejos más difusos. Ella estaba en las balaustradas del puente, de espaldas a la calle, con los pies colgando hacia el agua. Todo estaba húmedo, pero sin ese frío penetrante de otras ocasiones. Más cerca. Sí era
Ms. Zhu. Sus lágrimas se mezclaban con las pequeñas gotas de lluvia. Observaba el agua con una mirada perdida, impasible, distante. No existía nada más en el mundo que ella y su destino. Rítmicamente mecía su cuerpo de lado a lado. Con cada movimiento avanzaba imperceptiblemente hacia el borde. ¡Quiere saltar! ¡No, está meditando! Aunque mínimo, todo su movimiento corporal lo demostraba. Mi intuición era entorpecida por mis esperanzas. Los segundos fueron horas. ¡Sí, va a saltar! ¡Se va a suicidar!

Yo tenía dos caminos para volver a casa. El menos frecuente era el del puente Magdelene pues tenía una subida y la bicicleta se hacía más pesada. Ese día, para variar, opté por el Magdalen College y su puente.

Había conocido a Ms. Zhu en septiembre del año anterior, cuando los dos entramos al Saint Edmund Hall (“Teddy Hall”); el colegio más antiguo de Oxford, fundado en 1226. Nuestro programa era un curso de post grado en Política, Economía y Derecho internacional. Además, yo aproveché la sabiduría acumulada de los colleges para tomar cursos de lógica y de filosofía.
Hasta el evento que relato, había sido un año y medio perfecto. Una delicia. Todo era información, ideas novedosas con infinitas variaciones; tolerancia entre contradictores; sorpresivas y acaloradas discusiones pero bien sustanciadas; pulcra convivencia entre la arrogancia y la humildad intelectual; permanente cuestionamiento de lo obvio y de lo cierto.
La pasión del descubrimiento y el vértigo de la creación en un ambiente irritantemente calmo y parsimonioso. Armonía y síntesis. Diversidad de estudiantes, variedad de orígenes, razas y culturas. En fin, un crisol de riqueza tan vasta, que incluso a un cerebro joven le cuesta seguir el ritmo para asimilar tal cantidad de nutrientes.
Desde el primer día ella se veía triste y lánguida. Poco comunicativa. Hablaba lo justo y contestaba casi de manera monosilábica. Al comienzo pensé que era como yo, que las limitaciones del inglés le impedían comunicarse con fluidez. Luego de la primera clase con el profesor de Política me di cuenta de que no era así. Su inglés, aunque rústico, era ciertamente mejor que el mío, (a lo tarzan)... Era su forma de ser.
Pasaron los Terms y las afinidades fueron forjando amistades y cercanías. Me acostumbré a pasear de la mano por los jardines de los colleges con mis colegas de África, a sentarme (tratar al menos, por mi panza) en Posición de Loto con mis amigos budistas, a intentar explicar el mundo pobre a mis compañeros del primer mundo. Gané y crecí mucho, muchísimo.

Ms. Zhu se veía siempre aislada y sombría. Venía de China. Había crecido en la Revolución Cultural. Había sido premiada y enviada al Reino Unido a ejercitar sus neuronas y a perfeccionar su inglés. De acuerdo a la planificación del partido ella sería intérprete de los jerarcas del y hacia el idioma inglés. Parte de su labor sería traducir más allá de lo que las palabras significaban. Necesitaba transmitir lo que implicaban. Por ello requería tener nociones de derecho, economía y política internacional.

Un día cualquiera la encuentro en la cafetería. Tenía la cabeza apoyada en el vidrio de la ventana. Una extraña tormenta con sol y agua golpeaba el edificio. Las lágrimas de lluvia bajaban por el cristal y parecían mezclarse con las de Ms Zhu. Con buena intención, pero ciertamente con impertinencia, me siento a su lado y le preguntó qué le pasa. Si le puedo ayudar en algo. Se resiste a hablar. Hace un gesto de desagrado con la mano. Era un evidente ¡No me molestes! ¡Ándate! Aparentemente no tenía nada físico y por tanto mi presencia allí no era más que una gran descortesía. Me estoy parando cuando balbucea “li…”. Vuelvo al asiento y mantengo silencio.

Lentamente y con titubeos comienza a contar que Li, es el nombre de su hija. Que ese día Li estaba de cumpleaños. Era su primer año de vida. No me pude contener y se me salió ¡One year!, en voz alta; quizás muy alta, porque el resto de la cafetería se volvió a mirarnos. Siguieron las lágrimas mudas y los sollozos apagados. En silencio yo esperando a su lado. Luego, casi susurrando, como hablando consigo misma lacónicamente expresó ¡Nunca he decidido! ¡Nunca he tomado una decisión sobre mi vida!

Luego que la primera compuerta de la confianza fue abierta, lo que vino después fue casi un torbellino. Ordenado lógicamente para los efectos de este cuento, puede sintetizarse como sigue:

Había nacido en el pequeño pueblo cerca de Kunning, en la provincia de Yunnan. Había asistido a la escuela pública del pueblo. Siempre destacó como alumna madura y estudiosa, especialmente en humanidades. Le llamaba la atención la comunicación humana y la palabra. Cuando cumplió los 12 años el director de la escuela, el maestro Tse, con una satisfacción no contenida le informó que por el bien de la revolución se había decidido enviarla a vivir a Yanqing, una ciudad al noreste de Beijing, donde estudiaría lenguas extranjeras. Ella debía sentirse orgullosa pues había sido la única. La elegida. Toda una distinción. Todo un privilegio. Ciertamente su familia y sus ancestros estarían muy honrados de ello.

Al comienzo no entendió de qué se trataba. No comprendió lo que era un internado. No vislumbró que nunca más vería a su familia. No entendía qué era la revolución. Mentalmente sólo atinó a balbucear: ¡La familia se mudaría de pueblo! ¡Supongo que llevaremos a mi perro, Chu! ¿Cómo sería la nueva casa? ¿Cómo serían los vecinos? Le explicaron que iba a una ciudad; es decir, un pueblo mucho más grande, donde las distancias eran tales que había que usar mucha bicicleta. El clima le cambiaría radicalmente, de su natal tropical pasaría a un lugar con mucho frío en invierno. ¡Vería la nieve!.....

Mis padres acataron. No sé si como buenos practicantes de las enseñazas de Confucio o por miedo. Cuando me di cuenta, era muy tarde; aunque tampoco hubiese podido hacer mucho. En realidad no tenía opción.

El hecho es que estuvo internada la secundaria Yu Chen, en Yanqing. Allí creció, pasó parte se su adolescencia y devino en la persona que yo conocí o más o menos.

Las primeras semanas fueron duras, pero con el paso del tiempo que todo lo cura y la “sabias” enseñanzas de mis líderes me transformé en una buena revolucionaria. Seguía sin chistar las instrucciones del partido. Gobernaban desde la vestimenta hasta mi mente y quizás mi alma. Nunca dudé. Nunca cuestioné seriamente. Lo más parecido a ello fue cuando mi amigo Qian fue llevado por unas personas uniformadas y nunca volvió. Se nos dijo que había regresado a Hunan, a prestar otras funciones para el pueblo.

La llovizna había amainado sobre el puente Magdalene. Me acerco suavemente. Apoyo mis manos en las húmedas piedras de las barandas del puente. Sutilmente me pongo a su lado. El bamboleo continuaba. Le hablo. No responde. Sólo reacciona a un leve toque sobre su hombro derecho. Mueve su cabeza. Me mira, pero no reconoce. Abro mi boca para decirle algo y no me salen las palabras. No sé qué decirle. La oscilación parece eterna.

Hacia finales de su adolescencia, la revolución volvió a hacerse presente con su manto impositivo. Fue enviada a la Escuela de Lenguas de Shangai. Un nuevo cambio en su vida; que no deseaba, pero que no controlaba y tampoco discutía. Allí se especializó en inglés. Al cabo de algunos años, nuevamente fue distinguida. Otra mudanza, otro recodo en el camino no solicitado. Iría al extranjero a perfeccionar su idioma; a la patria de Shakespeare.

Si bien era un premio y Ms. Zhu tenía la confianza del partido, se requería un candado más. Los años de devoción a la causa no bastaban. Se necesitaba algo más para asegurar su retorno y qué mejor que un lazo de sangre como rehén. Se le instruyó quedar embarazada.

¡Pero cómo voy a tener un niño si ni siquiera tengo novio! Fue la comprensible reacción a la petición del Director de la Escuela.
¡Elige de entre tus compañeros! Se le respondió, con mucha naturalidad.....

Como un deja vu, sólo hubo cuestionamientos internos y callados. La idea en sí le atraía. El problema era la instrucción. Esta vez la orden imponía otro cambio radical en la vida, pero imperecedero. Y comenzó la búsqueda de marido, de un macho. No tenía especial relación con ninguno de ellos. La mayoría eran hoscos y sin la delicadeza que ella deseaba. Siempre había pensado que su padre se encargaría de este tema, pero ahora estaba sola y tendría que resolverlo a su manera. Luego de mucho afán concluyó que debía combinar dos criterios. Favorecería al que tuviese mejor trato o fuese menos rudo y el que tuviera un olor corporal tolerable por sus sentidos (¡el menos hediondo!). Mal que mal pasaría mucho tiempo con él.

El semental escogido acató con agrado, pues aunque ella no era de una gran belleza, estaba relativamente bien conformada, era inteligente y contaba con confianza y apoyo del partido. De esa singular unión nació Li. Pero los plazos se cumplen. A los diez meses debió dejarla para viajar a Inglaterra y la niña quedó con el padre, a modo de garantía. Siguió el crecimiento de Li por las cartas y las fotografías que recibía de tanto en tanto. Nada de viajes o contactos más cercanos. Las llamadas eran infrecuentes pues había que organizarlas y coordinarlas con mucha anticipación. Los teléfonos eran corrientes en Oxford, no así en China.

A la época de este relato, estábamos en el segundo año y Li, pronta a cumplir los dos años.

Con mucha cautela me subo a las húmedas piedras que conforman las barandas del puente. Me siento suavemente a su lado, también con los pies hacia el agua. Tan cerca de ella que mi hombro izquierdo tocaba su hombro derecho. El balanceo comenzó a disminuir e inició un monótono ronroneo, como recordando alguna triste melodía. Lo único que se me ocurre, es preguntar por Li. No alcanzo a terminar cuando ella emite un gran gemido, casi un grito. Con la mirada fija en el negro caudal dice ¡Ha muerto!... ¡Está muerta!

Y el bamboleo recomenzó, esta vez frenéticamente. Con mi hombro intenté disminuir progresivamente el movimiento pendular y lo conseguí. Pareció volver una tensa calma.
Con una tranquilidad fuera de contexto me dice:

Li enfermó hace un par de meses. Al principio malestares, luego fiebres y anemia. Se fue apagando. Los médicos nunca comprendieron su enfermad. Debí haber estado allá. Murió de pena y yo soy la culpable. No debí haber aceptado venir acá. Debí haber luchado, aunque hubiese sido la única vez en mi vida. ¿Por qué me sometí?¿Por qué accedí? Siempre acaté instrucciones. Nunca las discutí. De hecho, nunca he decidido. Nunca he tomado una decisión sobre mi vida. Me dejé llevar por el río de la vida y las circunstancias; me dejé llevar por la corriente. Soy como una hoja seca flotando en el agua. La única vez que debí batallar, la única vez que era evidente, que todo mi ser me indicaba que no debía dejarla, no lo hice. Ahora ya no hay nada que hacer. Ella se ha ido y con ello lo único que tenía. Mi vida no tiene sentido…. y saltó.....

PS. Oxford se encuentra en una especie de isla que se produce cuando el río Támesis se divide en dos brazos, para volver a juntarse más abajo. Oxford significa “el vado de los bueyes”. El brazo principal se llama Isis o Thames (Támesis) y el secundario Cherwell. El Puente Magdalene está sobre este segundo río, que no es profundo o correntoso, y este cuento solo la mitad es una experiencia vivida en primera persona.., el resto son matices de fantasia.

MIRKO

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Paso a dejarte mi agradecimiento por tu visita. Muchas gracias. Siempre eres bienvenida.

Me tomare mi tiempo para leerte y seguir ronroneando aqui en tu casita.

Abrazos

alida dijo...

Este escrito de Mirko es muy sensible uffsss me dejo pensativa en la hoja de otoño
Te dejo mis uffsss

Gaby del Río dijo...

Aún ahora, lo más impactante es ver que existen casos así....qué maravilloso relato!!!!
Muchos saludos!!!
:)

indianala dijo...

Gatto: Bienvenido :) y gracias por ronrronear. Saludos!!!

Alita: Si,es muy sentido este relato... deja la sensaciòn de q no debemos permitir que ningun sistema nos consuma no? Abrazo para vos.

Gaby: Aun existen y seguiran existiendo mientras padres prefieran status al afecto... es triste...Un beso. ;)

MORGANA dijo...

Lo triste es que la historia se repite con tantas jovenes.
Tal vez al menos pudo decidir su final.
Relato lleno de emociones.
Me gustó.
Besos.

Seoman dijo...

Tu luna tambien es mi luna. Gracias por visitarme.
El otoño, epoca de lluvias y de hojas marrones, idilico

La hormiguita dijo...

Un gran relato.
Saludos!