
La Pared.
Sentía el mundo muy pequeño mientras miraba la interminable pared que solía cortar el cielo.
¿Acaso esa mole sería mas alta que el infinito?
Los metálicos sonidos no tardaron en aturdir el divague de la tarde. Cada día se repetían, presentes como niños al tocar la campana, para saludar a la bandera.
Al menos eso representaba por aquellos años, la monotonía.
Mas el temor de los martillazos que despedía un agujero entre los ladrillos, con forma de ventana monacal, no impedía la osadía, de trepar el alto muro.
-La curiosidad siempre es un buen comienzo… pensó.
Y no tardó en escalar los primeros escasos setenta centímetros cuando el dolor la empujó hasta las rojas piedritas, escombradas por la caída.
-No será el último intento, le gimió a la muralla sonora. Algo siniestro se esconde tras ese sonido agudo de golpeteo.
Dos tardes perdidas, y la lluvia solo invitaba a leer los clásicos libros de dorado lomo y hojas tan finas como las que usaba para calcar esos ininteligibles mapas. Llenos de fronteras, donde la líneas se curvaban sin dejar pasar el agua de algún río o los pájaros se detenían en medio de su vuelo, suspendidos en el aire, por no tener nacionalidad?
Así se sentían las duras líneas junto a la tinta china y algún plumín chirriante, dejando la mano tensa por la costumbre de levantar el meñique para no manchar el futuro excelente que condecorará todo mapa copiado con semejante lujo y prolijidad y otra vez sin mirar los límites. Daba igual.
Sin embargo el olor de esas páginas era muy especial en aquellos libros que guardaban celosos y a los que debía cuidar más que a los mapas. Hasta llegó a pasar su lengua, sin resistir la tentación de sentir su sabor y así entregarse a la plenitud del relato mas relajada. Porque es muy importante la ceremonia de elegir la luz, el lugar y el silencio para que nada interfiriera con la historia. Todo eso corría por la mente en milésima de segundos, antes de transportarse hasta la dimensión generada por cada nueva novela escogida y buscando una más oportuna contención hogareña.
El sol pegaba en la pared, la ventana casi no se distinguía, pero sabía que lo oculto salía desde allí. Otra vez ese dolor en la boca del estómago y el fuerte ruido golpea con ritmo casi infernal, cada jornada dolía mas, porque el molesto sonido impedía la oportunidad, en tanto la tarde corría, suponer llegar hasta esa boca gritona y al fin poder develar tan gigante intriga!
-Hoy es el día, se propuso, ya que al temido y ensordecedor eco se le sumaban gritos y abucheos de voces desconocidas, y esa duda angustiosa que se mezclaba con un sordo final junto a la noche.
Miraba ansiosa la escalera que daba risa, pues con sus apenas doce escalones no podía aspirar jamás ser una detective seria.
-En el galpón del papá hay una soga muy gruesa y un gancho en forma de ese que podrá soportar su peso y convertirla en una heroína barrial.-pensó.
Ya que en esos tiempos pasaban demasiadas cosas raras por ahí, primero apareció sin vida la esposa del profesor y luego no la dejaban jugar en la vereda porque se había escapado un sátiro.
Un sátiro? que era eso?
Había una espantosa mirada y feo tono en la voz de la madre cuando se refería a ese suceso.
Sería semejante al sonido que salía por esa ventana o tal vez algo mas grave?
Esa tarde conoció la respuesta, justo cuando faltaban veinte centímetros para que su mano pasara por la cornisa de la oscura ventana. Una voz ronca le congeló la sangre y le ordenó que bajara despacio de su escalada aventura.
Respetuosa y obediente, se sintió en la infracción lógica de quien espía, ignorando que ella estaba a punto de ser víctima de la más cruel acción cometida.
Dos meses pasaron, cuando acompañó a su padre, quien la tomo de su pequeña mano y la llevó hasta un taller mecánico, de apestoso olor grasiento, donde fosas sucias le impedían caminar y seguirlo.
Y terminó paralizándose cuando unió voz e imagen de ese rostro que la miraba fijo.
El mismo que la orientara para no subir esa tarde por la pared para convertirse en una periodista de hallazgos macabros y cortara su afán de curiosidad intrépida.
No pudo decirle lo ocurrido a su padre ya que le habían robado la iniciativa de trepar por los muros de la forma más grosera imaginada.
Otra vez el fuerte ruido se mezclaba en su cabeza, junto al dolor en la boca del estomago, pero ya no provenía del otro lado de la alta ventana, porque la veía justo en forma de espejo ante sus ojos.
Y decidió subir al infinito, para llevarse el secreto. Sin que nada cortara el cielo.
indianala.

4 comentarios:
Hola Indianala, buenos días desde Madrid.
Me he llevado una sorpresa muy agradable al encontrarte en mi espacio.
Y rauda y veloz he venido a conocer el tuyo y realmente me ha encantado. Espero y deseo que fluya la cumunicación entre ambos blogs, todo un placer.
Yo sólo edito una vez a la semana porque el tiempo ya sabes escasea.
Un abrazo de afecto y amistad de esta que te ha visitado...
María del Carmen.
Te mirarás en el espejo y en el encontrarás una sonrisa de satisfacción al saber que ha llegado el fin de semana, que te permitirá el esparcimiento y descanso necesario rodead@ de familia y amig@s.
Yo ya la he encontrado...
Besos
Marí
Un beso un abrazo.
Marí
Cuando un poeta canta estamos en sus manos: él es el que sabe despertar en nosotros aquellas fuerzas secretas; sus palabras nos descubren un mundo maravilloso que antes no conocíamos.
Novalis
Un hermoso fin de semana te desea...
María del Carmen
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